Cosa vista: Niquitao

Lostmyprozac - Foto de Instagram

El lugar está en mis recuerdos de infancia. Los domingos, al salir de la casa de mi abuela, pasábamos por ahí para acortar camino, creo. Era una visión que contenía todos los males de la ciudad que a esa edad podía intuir: droga, niños en la calle, falta de hogar y pobreza.

En una exposición del colegio debí hablar sobre la droga, le dije a la profesora que sabía dónde podía conseguirla, para que mis compañeras supieran a qué decirle “no”. La reja verde, antes de San Juan, era el lugar donde mi imaginación la compraría. La profesora me dijo que la muestra no era necesaria.

Alguna vez me contaron que allí vivía la mamá de una pelada que conocía, ni que se hubiera quedado con mi novio le restaba a la impresión que sentía cuando me imaginaba a la señora entre esas calles.

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Ahora paso cada martes en la noche. Unas veces me monto al lado izquierdo y otras al lado derecho del bus para ir cambiando de perspectiva y tener siempre una escena diferente. Normalmente cruzo antes de las 10.00 p. m. y lo que veo del lado izquierdo es un carnaval: un grupo de indígenas baila afuera de un colegio, hay gente tomando en las tiendas, las motos van por el andén y transitan sin importar el sentido de la vía y otros, sacan sus ventas de comida.

A veces tengo la suerte de pasar y encontrarme con una puerta abierta, pero cuando estoy detallando el corredor, el bus avanza. ¿De qué hablarán los pelaos que se sientan en los jueguitos de la esquina?, ¿y la parejita que está cuidando el puesto de fritos?

Una vez soñé que estaba allí. Una anciana me pedía dinero y contrario a mi costumbre, metí la mano al bolsillo y saqué una moneda, había una montaña de basura y yo esperaba impaciente mi transporte para que ni la señora, ni la montaña me tragaran. El bus apareció o me desperté, no recuerdo.

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Al llegar a la 41 doblamos hacia abajo. Hacia arriba hay una fila de taxis parqueados frente a una hilera de puertas, nada diferente a las otras calles pero con menos espacio para transitar. La escena se llena con una carnicerías, dos semáforos y luces de bailadero, ¿y qué si me bajo y pido una cerveza?, ¿me sacarán a bailar?

Hace poco alguien me contó que en esa calle había visto el primer muerto de su vida. Al bus en el que iba se le zafó una llanta que pasó sobre una señora: “ni cuenta se dio de que se había muerto”, me dijo.

¿Qué tal que tomando cerveza me lleven a caminar por ahí? Me gustaría ir al cementerio a ver las bóvedas vacías, subir por la callecita de los taxis, jugar a reconocer a la mamá de la historia, preguntar qué es lo que realmente venden en la reja verde que ahora es gris y pararme frente a un corredor a ver si sale algún espanto que me arrime hasta el bus que pasa por Envigado.

Juan Santiago Uribe

Es artista plástico y trabaja con varios medios entre ellos la fotografía. Estudió Artes plásticas en la Universidad Nacional de Colombia, en su sede de Medellín. Le interesa registrar la arquitectura, lo ambiguo de algo tan fuerte y a la vez tan frágil. Le gusta caminar por los barrios de las ciudades, observar, deambular y viajar, también el cine y hacer arte.


Es periodista, enfocada en medios digitales. Estudió Comunicación Social-Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana. Le interesa la cultura, en especial el teatro y el cine. Le gusta caminar, conversar, leer, viajar, tocar guacharaca y descubrir nuevos sabores.

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