Él, que se olvidó del presente

Ilustración por Sariolett (Sara Rave Ramírez)

La vida no da espera y es mejor renunciar a tiempo a todo aquello que nos limita, eso que nos impide vivir como realmente queremos.

El día que lo mataron todos fuimos a acompañarla. Se sentía una sensación demasiado extraña, pocos lo conocían, pero todos sabíamos lo mucho que ella lo amaba y lo que significaba esa pérdida en su vida.

Ella estaba ida, triste, rabiosa. Tal vez no quería que nadie estuviera ahí para acompañarla, para opinar, para sentirlo por ella y no por él que era un fantasma para muchos del que habían oído que la había hecho inmensamente feliz en los últimos años, pero al que no habían tenido tiempo de conocer.

Tampoco ella había tenido tiempo para vivir un amor real y eso hacía parte del encanto de una relación que partió su vida en dos porque no tuvo espacio para las críticas, para los celos, para el desamor, ni para nada malo.

Qué tiempo iba a haber si “el señor” lo hacía quedar a cuidarlo hasta altas horas de la noche mientras hacía negocios. Qué tiempo iba a haber si otras veces él también salía a hacer los negocios de “el señor”.

Eran los últimos esfuerzos, decía él. En un año iba a retirarse, estaba ahorrando una plata para salir a vivir la vida que siempre quiso vivir, con la mujer que nunca soñó tener porque superaba en todo sentido lo que había imaginado y anhelado.

Aún lo recuerdo en el ataúd con sus pestañas largas, con su sonrisa dibujada como si durmiera, como si fuera a pararse a consentirla y a hacerla reír. Aún la recuerdo a ella ida, desgarrada, sin fuerzas, a su lado, entre extraños, pues del funeral conocía a unos cuantos, y a ella la conocían pocos. Ni siquiera sabía quién era la amiga que le había guardado a él toda su ropa el día anterior porque iba a estar de trasteo. Ni siquiera sabíamos si ella sabía que él había muerto. Lo cierto es que en su apartamento solo encontramos una chaqueta de tela abollonada de esas que usan los jugadores de béisbol y que obvio no entonaba ni con su estilo impecable, ni con lo que debería ser su última pinta para despedirse de este mundo.

Su hermano solucionó el impase con un cachaco nuevo que nos demostró que los apegos son la peor elección. Él se la había pasado trabajando con gente mal, apegado al dinero, a la ilusión de vivir bien, de vestir bien, para oler bien y para nada más, ni siquiera podía pasear porque tenía que cuidar “al señor”, ni siquiera podía salir a comer tranquilo con ella porque tenía que cuidarse y cuidarla y apenas tenía tiempo para una visita nocturna para ella, en la que la encontraba soñolienta y en la que luego, cuando ella ya por fin se despertaba, él era el dormido. No importaba que fuera así, ni para él, ni para ella. Se tenían, se bastaban, se amaban. Ya vendría lo bueno que nunca llegó.

Sariolett (Sara Rave Ramírez)

Diseñadora gráfica amante de la ilustración, los animales y los postres. Le encanta el diseño de personajes, el arte digital y las historias. Sueña trabajar y vivir haciendo lo que más le gusta: dibujar.


Es comunicadora social periodista de la UPB. Ha trabajado en radio, televisión y medios escritos, sobre todo, en el área económica. Le encantan los temas empresariales, hacer informes de gestión y libros. En los tiempos libres, cocina, imita recetas que prueba en restaurantes, viaja y hace tertulias mundanas con sus amigos.

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