Elkin Ramírez, capturado por un sueño

Elkin Ramírez conservaba el pelo largo, la chaqueta de cuero y las ganas de cuando empezó. Su historia se llama Kraken o el padre del rock nacional.

Nota de la periodista: este perfil lo escribí en 2013 como parte de mi proyecto de práctica para el Taller de Edición, Elkin aún estaba vivo y yo soñaba con hacer un libro digital que conmemorara los 25 años de esta empresa y la labor de otros que también nacieron en la década del 80. No pude hablar con Elkin personalmente, me contestó la entrevista por correo electrónico, aun así se notaba que lo había hecho con gusto, pues me respondió cada pregunta detalladamente. Dos años después de esa conversación virtual, el Titán, como se le conocía en la escena del rock, fue intervenido para extirparle un tumor cerebral. La cirugía no tuvo los resultados esperados, a pesar de eso y en medio de su recuperación, el músico decidió grabar su último trabajo. En 2016 empeoró, recibió tratamiento de radioterapia y tras una crisis con convulsiones fue internado en la clínica Las Américas de Medellín donde le dieron cuidados paliativos. Murió el 27 de enero de 2017 a las 9:30 a.m., tenía 54 años, su último disco, Kraken 6: Sobre esta tierra, ya está a la venta.

Este homenaje llega tarde, pero decidimos publicarlo porque queremos darle las gracias a Elkin por contarnos su historia y por hacer música que supera el tiempo.

En 1984 Medellín era una ciudad diferente. Los chicos “bien” andaban en Mazda 323, Diomedes Díaz se inmortalizaba cantando Mi Muchacho, la película Flash Dance hacía que las señoritas vistieran de calzas y calentadoras rosadas y las canciones de Soda Estéreo eran la más estruendosa representación del rock en español.

Elkin Ramírez era un adolescente, trabajaba en el día, estudiaba en las noches y los fines de semana se reunía con un par de amigos para montar temas de sus bandas favoritas. “Ensayábamos en casa de mis padres, iniciábamos en la mañana y durante diez horas continuas nos dedicábamos a ensamblar, investigar y fortalecer nuestro repertorio”, cuenta. Esas canciones las grababan en cassete para regalarle copias a sus amigos más cercanos.

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Un rockstar a la colombiana

De niño Ramírez jugaba canicas y pateaba balones en su cuadra, cerca al parque principal de Belén. En casa, su padre, amante de la música y la literatura, le ponía tangos, música clásica y los últimos lanzamientos de bandas de rock norteamericanas como The Rolling Stones. Un día reunido con sus amigos alrededor de una grabadora, escuchó el primer trabajo de Led Zeppelin y pensó: “Esto es lo mío, es una revolución” y con la convicción de los 16 años decidió formar una banda.

Empezaron los ensayos en casa, más tarde vinieron las sesiones en estudios de grabación y en 1986 Elkin y sus amigos, quienes para entonces eran conocidos como Kraken, lanzaron al mercado dos sencillos: Todo hombre es una historia y Muere libre, que un año más tarde estarían en el primer trabajo de la agrupación, que lleva su mismo nombre: Kraken o “El Séptimo Titán”, el calamar gigante de la mitología escandinava.

El primer LP del rock nacional veía la luz: guitarras eléctricas, batería y la voz de Elkin, influenciada por Robert Plant líder de la banda de Led Zeppelin, invitaban a “no ser como los demás”, impronta que lo caracteriza desde entonces. Por ejemplo a Ramírez nadie le enseñó a cantar, se prepararó solo después de que un profesor de técnica vocal lo considerara mayor para educarse, entonces él leyó, estudió, investigó e imitó a sus ídolos, “crear una voz de manera autodidacta solo se logra a través de la autoevaluación, la disciplina y del trabajo con lo que se tiene y no con lo que se especula”, explica.

“Era un chico de mi barrio
que tildaban de ordinario
al no ser como los demás”.
“Y con su pelo en hombros
se le escapó
un día a toda esa opresión”.
Todo hombre es una historia. Kraken 1986

El entusiasmo no termina

Uno de sus trabajos más importantes es Kraken Filarmónico de 2005, el resultado de sus presentaciones en el Teatro León de Greiff de la Universidad Nacional sede Bogotá con la Orquesta Filarmónica de esa ciudad, y en la apertura del festival Rock al Parque. Según Ramírez esa fue su manera de demostrar que el Rock Nacional también es parte integral del fortalecimiento cultural.

Otro disco representativo de la banda es Humana deshumanización del 2009, una apuesta por hacerle entender al público que “la civilización aún no se ha logrado, como nos han hecho creer, para que no hagamos nada al respecto y aceptemos que el hombre que habita el mundo debe ser mediocre, inmediatista e indolente”dice el líder.

Kraken habla como Elkin, sus letras son contestatarias, generan reflexión y cuestionan la realidad, y aunque es algo bastante serio para un grupo de rock, esta parece ser la razón por la que sus seguidores los buscan y se multiplican, como lo confirman sus fanáticos en toda América Latina y sus giras internacionales.

El de hoy

Del Kraken de garaje y LP quedaban sus canciones y su líder, los otros miembros del grupo no encontraron futuro en la música y se marcharon. Elkin no se desmotivó, buscó nuevos compañeros y se aventuró con otras grabaciones, pero las despedidas se repetieron una y otra vez, por lo que ha tenido que reinventarse, cada que va a integrar un nuevo artista a la banda, lo audiciona de manera independiente y luego lo prueba en grupo, “si funciona con los temas de la banda, se queda”, explica.

Después de 30 años Elkin sigue trabajando sin descanso. Compone, gestiona, dirige y negocia su banda, un rol del que no puede desprenderse ni un segundo, quizá por eso su vida sentimental no responda al cliché de una estrella de rock, está soltero y lo disfruta, a pesar de eso dice haber tenido maravillosas mujeres a su lado. De uno de esos amores quedó un hijo, también dedicado al arte, escritor y dramaturgo .

Económicamente Ramírez tampoco se parece en nada a las luminarias del género, le ha sido posible vivir de la música porque como él lo explica, es “ordenado y modesto”. El resto de los integrantes de la banda además de músicos, trabajan como docenetes.

Su secreto para llegar hasta donde se encuentra es una mezcla de constancia, terquedad, responsabilidad con el público e infinita paciencia. El reflejo de algo que no puede ser más que un amor profundo pues Kraken para Elkin ha sido esposa, familia y casa.

Su secreto para llegar hasta donde se encuentra es una mezcla de constancia, terquedad, responsabilidad con el público e infinita paciencia. El reflejo de algo que no puede ser más que un amor profundo pues Kraken para Elkin ha sido esposa, familia y casa.

Como en 1984 las canciones de Diomedes Díaz se escuchan en las tabernas, las letras de Kraken en cambio están reservadas para los oídos de todos los que buscan en la música más que expresión popular, el rock de Elkin es para pensadores. Él aún no se considera una leyenda, pero el tiempo se encargará de demostrarle lo contrario.


Es periodista, enfocada en medios digitales. Estudió Comunicación Social-Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana. Le interesa la cultura, en especial el teatro y el cine. Le gusta caminar, conversar, leer, viajar, tocar guacharaca y descubrir nuevos sabores.