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Para los últimos entusiastas de la crítica de cine

A.O. Scott, crítico de cine y ensayista del The New York Times desde el año 2000.

Si eres de los pocos que aún disfruta comentar con rigor las películas que ves, toma nota de estas recomendaciones de A.O. Scott para convertirte en el próximo Antón Ego de la industria del cine.

En la ruidosa década de los noventa un pequeño personaje de 36 años, solitario y con una ausencia colectiva de sus cabellos, se sentaba cada noche en el set del programa matutino de televisión más popular de Nueva York a hablar de las malas películas y su odio por Steven Spielberg. Era El crítico imaginado de los guionistas de Los Simpson.

Apertura de El Crítico, serie transmitida en 1994 por la cadena ABC.

Dos décadas después un decadente actor de Hollywood le reprochaba a una reconocida periodista su afán por etiquetarlo todo y ella le prometía a cambio la destrucción total de su obra en Birdman.

Encuentro entre Riggan (Michael Keaton) y una prestigiosa crítica teatral en Birdman, película del director mexicano Alejandro González Iñárritu.

Lejos del sarcasmo del primero y de la superioridad de la segunda, se encuentra el real, afable y reconocido crítico del The New York Times, Anthony Oliver Scott, más conocido como A.O. Scott. Él, que se graduó con honores de Literatura en la Universidad de Harvard, no considera nada envidiable ver y pensar en más de siete películas a la semana, pero es un defensor a ultranza de su ejercicio profesional, de su independencia y de la capacidad de la crítica para destacar el buen arte.

Sus argumentos, además de exponerlos en su libro Better living through criticism, prefiere presentarlos con lo que más le gusta: el cine. Para ello, pausa su taller de “La crítica en la era digital” en el pasado Festival Gabriel García Márquez de Periodismo y presenta a Antón Ego, ese personaje de Ratatouille que encarna para él la misión del crítico: descubrir lo nuevo y lo verdadero.

Antón Ego, personaje del film Ratatouill, revela la crítica al restaurante Gosteau’s y se convierte en uno de los discursos más recordados del cine animado.

Reconoce, sin embargo, que el auge de comentarios en internet y la opinión masiva de espectadores en redes sociales reduce la autoridad de los críticos, pero encuentra en esos mismos hechos una necesidad mayor de existir para “ayudar a activar el interés de los demás”.

Una buena reseña para A.O. Scott no tiene una receta única, se resiste siquiera a enumerarlo, pero devela en sus continuos argumentos una serie de recomendaciones para tener en cuenta.

Si como él estás interesado en hablar de cine y determinar qué vale la pena en medio de tantas opciones, ten en cuenta:

  • Sé inquieto. Desde Tarantino a Wes Anderson, asiáticas o latinoamericanas, de autor y comerciales. Aprende de cine viendo muchas películas, de todos los directores, países, géneros y épocas.
  • Encuentra tu estilo. Escribe de manera particular, y escribe bien, que te destaque de la cantidad de ofertas que hay en internet. Coincidir o no con la opinión de los demás es secundario.
  • Conserva tu independencia. Siempre habrá personas que estén de acuerdo contigo y otras que no. Aléjate de lo predecible y presta atención a los detalles, a los contextos y a significados más amplios. El cine va más allá de lo que ves en pantalla.
  • Defiende tu gusto. Toma el riesgo de hablar de lo que te gusta y te emociona. Un crítico tiene derecho a dar su opinión como otras personas. No serás una autoridad, ni dictarás normas, pero te exige educación y buen gusto.
  • No eres un fracasado director. ¡Es una afirmación injusta! En algún momento un artista aprenderá de ti.
  • Perteneces a un nicho. Como los amantes del vinilo vuelven a sus formatos favoritos, te seguirán los cinéfilos que confíen en tu criterio. ¡Olvídate de ser leído por muchos!

Disfruta tanto de la crónica y de la entrevista, como del cine, la literatura y la música. Apenas era un adolescente cuando conoció Quac y desde entonces lo atrapó el periodismo, oficio que ha desempeñado por una década y del que aprende todo el tiempo, desde la definición de su propia generación, multipantalla, según dicen, hasta el futuro posible que se imaginó Ridley Scott en Blade Runner. La última autora que lo asombró fue Lucia Berlin.  

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